EL ARCO Y LA LÍRA

«LAS PALABRAS SE INCENDIAN APENAS LAS ROZAN LA IMAGINACIÓN O LA FANTASÍA». OCTAVIO PAZ: EL ARCO Y LA LÍRA



7 dic 2011

QUENIA SEVERINO

MANDATO DIVINO O TRABAJO FORZADO
«El placer que acompaña al trabajo pone en alivio la fatiga».
Horacio

El trabajo aporta un sentido de identidad personal. Lleva en sí una misteriosa recompensa. Trabajar es un acto significativo que produce bienestar y satisfacción psicológica y espiritual.

Generalmente escuchamos quejas de nuestros parientes y amigos acerca de su estado de salud. Mientras nos cuentan sus dolencias, pensamos que esos mismos dolores nos aquejan, pero preferimos callarnos o, en el mejor de los casos, confirmamos esas dolamas. Entonces armamos un coloquio acerca de quién tiene más dolores y cuántos estudios se han realizados.

A las consultas de  psiquiatras, psicólogos  orientadores, acuden cada día  personas con el propósito de obtener solución a sus problemas de salud. Después de someterse a diferentes análisis y estudios —carísimos por demás—, para determinar las causas de sus dolencias, los resultados no arrojan ninguna anomalía, en ese momento, deciden visitar  los terapeutas.

De acuerdo con el psiquiatra George Vaillant, la adultez está marcada por  una etapa de desarrollo llamada «consolidación  de la profesión». Es en ese punto que los terapeutas han observado que  los individuos que no se identifican con su trabajo, renegando de sus labores, presentan un sinnúmero de dolencias.

¿Por qué  trabaja la gente? No sólo para ganarse la vida. Ciertamente, la gente trabaja para obtener varias recompensas concreta, tangibles, como el dinero, e intangibles, como el prestigio, conseguidos estos, llega la gran interrogante: ¿soy feliz solo con esto?

Algunas personas saben desde la infancia qué quieren y siguen un camino hacia su meta. Para otras, la  elección de una ocupación es en gran parte una cuestión de azar, de  ver los anuncios y qué hay disponible. Cuando logran emplearse, se convierten en máquinas vacías, monótonas, pronto la depresión y la frustración son los huéspedes principales de su existencia.

Tenemos miedo, mucho miedo de lanzarnos al vacío y en ese planear ir soltando las amarras cargadas de prejuicios y deseos ajenos, declararnos libres; libres para tomar decisiones, para  emprender nuestro oficio original, el de «fábrica». Así estaríamos obedeciendo nuestro propio sentir, nuestro sueño de realizar el mandato divino que hay en nuestro interior.


SOMOS MADRES DE LA OTRA MITAD
«Durante los primeros años de vida
es cuando los seres humanos desarrollan
la facultad para la compasión, el aprecio a la vida
o la capacidad de sentir dolor por otra persona»
Doctor Luis Rojas Marcos,  psiquiatra

Para los niños la madre es la base de toda su vida, la base de su afectividad, la base de su seguridad. El crecimiento de los hijos en una atmósfera de miedo, tensión  y terror influirá negativamente en su desarrollo emocional y más tarde se manifestará en  desórdenes psicológicos, que en un futuro los convertirá en uno de tantos hombres que  pudiera maltratar a una mujer.

En diferentes textos, exposiciones y ensayos se ha tratado el tema de la violencia doméstica. Diversa opiniones coinciden en que la falta voluntad política, lograr sanciones contundentes y en la responsabilidad del Estado frente al problema, entre otros elementos, componen este gran problema.

La violencia contra la mujer o violencia doméstica tiene raíces tan profundas que traspasa la voluntad política y el mismo Estado. Estas raíces están alojadas en el mismo corazón del núcleo familiar, haciendo huecos en el alma de los que se desarrollan con el vacío afectivo, con la falta de amor y con la estima baja. Estas  necesidades no cubiertas por los  padres, que, en mucho de los casos, tienen esas mismas carencias.

Un recién nacido no sólo con alimentarlo basta, se ha demostrado que los abrazos caricias y el contacto físico son sumamente importantes para crecer emocionalmente sano. ¿Qué pasa cuando un padre esta físicamente presente, pero su trabajo abarca todo su tiempo, y no dispone de ese tiempo tan importante para el niño? ¿Cuándo es alcohólico?, ¿cuándo su madre es alcohólica o neurótica de la limpieza?, ¿cuándo sus intereses están primero que su hijo, robándole afecto, presencia, sembrando soledad a  los suyos?

Triste y doloroso es arrastrar la vida cuando no se recibió amor, sobre todo, de los padres durante la niñez, los cinco primeros años de la vida de un ser humano dejan unas marcas psicológicas imborrables.

Debido a los maltratos psicológicos, abusos físicos y la violencia de que son víctimas los niños en el día de hoy, en el mañana  estos pueden repetir la misma conducta cuando lleguen a adultos, aprender  que los problemas y conflictos se afrontan con la fuerza bruta, ese aprendizaje negativo se arraiga tanto, que muchas veces pasa de generación en generación y entonces caemos en el círculo vicioso.

En una conferencia dictada por el  psiquiatra  Rojas marcos afirmó que: «El 53 % de los delincuentes adultos son personas que fueron maltratadas durante su infancia». Entonces, el niño que es maltratado cuando crece se vuelve un verdugo, lo que sigue es el mismo círculo de la violencia.

Pedir responsabilidad y voluntades para enfrentar este flagelo, penas  o sanciones más contundentes, unir  consciencia con la ciudadanía, lograr todos estos reclamos, es recorrer parte del camino, pues si seguimos criando hombres vacíos de afectos, carentes de personalidad, inseguros psicológicamente inestables, violentos y estaremos en el mismo laberinto.

La mujer de hoy día está la mayor parte se su tiempo trabajando en la calle y el tiempo que comparte con sus hijos no es suficiente ni de calidad. Es importante tener una consciencia clara de que  somos las madres de la otra mitad, y que en algún momento ese hombre que hoy golpea y maltrata a una mujer fue un niño con padres, que en su debido momento no llenaron esos huecos espirituales, afectivos y emocionales para hacer de él un adulto psicológicamente sano y estable.  


QUENIA MERCEDES SEVERINO FABIÁN  (Santo Domingo,  1958) Licenciada en Contabilidad por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD, 1993). En la actualidad cursa el sexto semestre de de Psicología Clínica en la Universidad de la Tercera Edad (UTE).

OCTAVIO BIDÓ MATA

EL ARTE DE LA «COTORRA»
«Los seres humanos son como una fotografía:
solo muestran lo que quieren que vean».
(Tomado de: bla, bla y más bla)

El cortejo es un proceso que tiene su origen en el individuo en colectividad. Las relaciones entre hombres y mujeres, en nuestro país, se han convertido con el tiempo en un arte que sin duda vale la pena analizar. Pero no solo estudiarlo, también disfrutarlo, ya que sin duda este proceso define casi más de la mitad  de nuestras vidas.

Todos hemos pasado por relaciones de pareja. Hay quienes se quedan en ellas; hay otras personas que no se deciden, hay otras que escogen acompañarse de la soledad. Pero el fin de todas las relaciones generalmente es encontrar a esa persona con la que queremos pasar el resto de nuestras vidas. Ahora bien, ¿qué hacemos para lograr estar con esa persona que queremos?

La «cotorra» en nuestro país es la base de toda subsistencia: a usamos en cada momento. Es parte de lo que se conoce como normas de etiqueta. Normalmente la usamos para no quedar mal o, en algunos casos, para fingir que somos diferentes a como somos en realidad (algo muy común). Pero en definitiva, usamos la «cotorra» para bien o para mal (más para mal), pero la usamos.

Por ejemplo: «Mi amor, ¿qué te sucede?», pregunta la esposa preocupada. «Nada, mi amor; nada», responde el marido de manera evasiva. En buen dominicano a esto se le conoce como «cotorra». Claro que sí, porque si te lo preguntan es por algo. Pero para no armar un rompecabezas de tres piezas, uno recurre a la «cotorra». Otro ejemplo: cuando me tocaba entregar a mi profesor un texto —por cierto, este que ahora leen—, le dije, teniendo dos semanas para escribir solo dos párrafos, que no pude hacerlo debido a los exámenes de la universidad: ¡«cotorra», no se me había ocurrido nada!

Entrando más en materia acerca del tipo de «cotorra» que nos interesa, dígase el arte de calentarle el oído a una fulana o a un fulano, solo me resta decir que es algo parecido, pero muy diferente. Diferente porque ya no lo hacemos para salvar nuestras cabezas de la guillotina de aquellos que sin duda nunca nos cortarían la cabeza, sino para crear todo un escenario, un montaje, lo cual supone, a veces, hasta cambiar el tono de hablar… ¡hasta la manera de vestirnos¡ Ahora  bien, la pregunta es ¿por qué lo hacemos?

Según los expertos, cuando un hombre sexualmente activo ve a una fulana con unas curvas y un cuerpo jugosamente apetecible; o en el caso de la mujer, a un fulano con un cuerpo atlético, alto y esbelto,  el cerebro libera una sustancia muy parecida a la droga, que nos predispone a hacer todo lo posible por perpetuar la especie. La dopamina, así se llama la sustancia, es sin duda el combustible que enciende ese lugar en nuestro cerebro reservado a la «cotorra».


APOCALIPSIS
El cielo tintado de rojo se oscurece, el fin se acerca. Las nubes viajan a una velocidad bestial, mientras en el punto neutro donde el suelo parece el abismo y se avisa el único destino que nos queda, donde la decoración no se limita a cadáveres de flor, sino que incluye un olor a sangre y amónico terrible, en ese punto donde no se ve la mas mínima esperanza, baila una diosa. Es imposible fijarse en algo más que no sea ella. Se mueve como una serpiente engatusando su presa. Huele a rosas y su cuerpo es totalmente proporcionado, parece como si Dios la hubiera creado con más esmero que al resto de sus criaturas. Pero ya no hay tiempo para pensar en detalles, lo único que puedo decir es que es perfecta, una diosa.

Me delito al mirarla bailando, mientras saboreo una copa de vino y un cigarro mentolado. No puedo pedir más, la vida me trata como a un dios, dejándome ver una diosa en los últimos momentos de esta basura de mundo. No sé qué hice para merecer esto, ni cómo llego a mí, por eso no perderé más el tiempo preguntándomelo.

El sillón en el que me encuentro es como sacado de una película de reyes; parezco uno. Pero es difícil estar a gusto en él cuando una diosa te ínsita a jugar. Me levanto sin arrepentirme de nada y me acerco a ella. La abraso, le digo que es lo más sublime que jamás haya visto. La toco y ella responde con lujuria, ya no quiero pensar, solo sentir lo que una diosa puede hacer con un simple mortal. Me besa. Nos volvemos uno. Mientras que el reloj acelera su marcha, el fin se acerca. Pero no me importa; solo me importa el ahora, solo me importa ella. El éxtasis no duda en aparecer, mientras el cansancio se queda ausente en este último momento, cuando ya no queda tiempo. La satisfacción no es suficiente, el reloj acelera y nuestro tiempo termina en una única gran explosión de lujuria y destrucción, donde no quedan ni los escombros ni el olor, ni el firmamento. No queda ni el más mínimo signo de vida, solo la muerte de un mortal y la gloria de una diosa.


OCTAVIO ALFONSO BIDÓ MATA (Santo Domingo, 1990). Actualmente cursa el séptimo semestre de Publicidad en la Universidad APEC. La pintura, la música, la  actuación y la escritura son sus principales pasiones.  Además de los estudios universitarios está dedicado a la fotografía y al diseño web.

ELISAMA ABIGAIL

EL QUE NO APORTA, QUE NO EXIJA 
«La sociedad no debe esperar nada
de aquel que no espera nada de ella».
George Sand

En esta vida tan evolutiva en la que el cambio nos persigue, para bien o para mal, surge una realidad alarmante llamada conformismo: Todos se adaptan de alguna u otra manera a alguna situación, y solo se limitan a quejarse. Sin embargo, se supone que el que da debe recibir. Así también el que aporta y genera cambios tiene más derecho a exigir.

Cada quien espera un cambio significativo de parte de un político, un partido, una institución o alguna persona en particular, sin darnos cuenta de que el verdadero cambio está en nosotros. En efecto,   muchas personas se quejan de su situación,  mientras se sientan a ver cómo otras hacen lo que ellas pueden —¡y deben!— hacer. Viven soñando con situaciones que son más posibles de hacer realidad de lo que imaginan.

En esta odisea constante de la vida debemos analizar qué podemos hacer para lograr el cambio que deseamos, en lugar de limitarnos a exigir. Nuestra responsabilidad es ponernos del lado de la solución, no del problema.

Decía Juan Bosch: «A la patria no se le usa, se le sirve». No obstante, es lamentable que en nuestro país se nos enseñe que lo correcto es todo lo contrario, sacarle beneficio en todo lo que podamos. A esto le llamo «el arte de dame lo mío, búscate lo tuyo y piensa solo en tu gente». Se trata de una sociedad contaminada por la cultura clientelar: todos buscan un beneficio particular, jamás el bien social.

Muchas personas piensan que para hacer aportes significativos al país tienen que hacer algo extraordinario. Mas que con aportes pequeños también podemos transformar nuestra nación. Por ejemplo, si no tiramos basura en la calle y exhortamos a las personas de nuestro alrededor a hacer lo mismo, poco a poco podremos producir una disminución en la cantidad de basura de nuestro sector o comunidad.

Lamentablemente, nos han inculcado la idea de que no podemos hacer nada, pues somos gente pobre. Que solo un político o gran partido puede lograr los cambios trascendentes y el progreso. Esta mentalidad absurda nos ha estancado como individuos y como nación. ¡Hasta cuándo vamos a entender que nosotros somos el pueblo y, por tanto, el cambio reside en nosotros, no en los administradores del Gobierno!

¿Dónde están los hombres y mujeres capaces de sacrificar sus vidas y sus bienes por su amada patria? Parece que ya se extinguieron y que solo nos queda el vago recuerdo de unos tales Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella, Gregorio Luperón y otros, cuyos nombres han quedado olvidados en los baúles de la historia.

Somos una nación que olvida constantemente  su pasado, y por eso lo hemos repetido con frecuencia. Quizás por eso también los gobernantes no se han preocupado por invertir en la educación del pueblo. Saben que mientras más ignorantes sean los ciudadanos, más fácil de manejar seremos, lo que les permitirá a ellos hacer con la patria lo que mejor le parezca.

Al realizar una encuesta a diez personas acerca de su percepción con respecto al futuro de República Dominicana para los próximos diez años, me dijeron que la situación económica y social del país estará peor, que se multiplicará la pobreza, que existirán más analfabetos y que habrá más corrupción. La mayoría concluyó que lo mejor era «largarse» del país.

En la
conferencia Trabajadores Migrantes y Desarrollo Nacional, auspiciada por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, Cuban Research Institute of Florida International University, y el Instituto de Formación Social del Caribe del 15 de octubre de 2010, se dijo lo siguiente:

«
La comunidad dominicana en el extranjero experimentó un alto crecimiento durante el período 2005-2010, pasando de  1,628,195 a 1,800.000 emigrantes. La dinámica migratoria de los dominicanos  sigue concentrada hacia Estados Unidos, la cual incrementó su participación de 81% a 83%   y una tasa de crecimiento acumulativa de 20%. La población dominicana en Puerto Rico representa el 6% del total, mientras que en España este porcentaje ascendió a un 5% durante el período analizado».

Es lamentable constatar cómo el dominicano no cree en el desarrollo de su país. Prefiere invertir su tiempo, conocimiento y energía en otra nación, pues no ve futuro en la suya.

Tal vez el gran problema que tenemos es que la población dominicana no siente el compromiso de producir cambios significativos en su nación. ¿Acaso será verdad que no tenemos salida? Parafraseando a Einstein podríamos decir que «No podemos resolver los problemas desde el mismo nivel de pensamiento con los que los hemos creado». Cuando nos comprometemos con el cambio nos hacemos responsables por algo que sucederá en el futuro, y que no ocurrirá si no estableciéramos un compromiso serio.

Hay una frase que dice «La maldad no existe por las personas mala, sino por aquellas que permiten la maldad». Cuando toleramos los actos de corrupción, cuando no reclamamos nuestros derechos, cuando vemos que algo está mal y no hacemos  algo para remediarlo, estamos siendo cómplice, consciente o inconscientemente, de eso.

Entiendo que muchas veces sentimos impotencia y creemos que no hay solución, pero hasta que no nos unamos y luchemos por el cambio que queremos ver en nuestra nación todo se quedara ahí. ¡Nosotros somos el cambio que queremos ver en el mundo!



ELISAMA ABIGAIL PEÑA FERNÁNDEZ (Santo Domingo, 1990). Locutora y estudiante de término de Derecho de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Es locutora de Radio Trans Mundial (Radio Ven), columnista del periódico cristiano Evidencia y conductora del programa de televisión Somos el Cambio.

CÉSAR BALLENILLA

LA CONFORMACIÓN INTERCULTURAL MULATA
DE LA REPÚBLICA DOMINICANA:
ENTRE LA RUPTURA Y LA CONTINUIDAD
«Nuestra identidad está en la historia, no en biología;
y la hacen las culturas, no las razas, 
pero está en la historia viva».
Eduardo Galeano

Comencemos por observar que nuestra reflexión focaliza el proceso de integración de los aportes de las tres culturas que surgen en la Isla Quisqueya durante los cuatros siglos de dominación extranjera que han conformado la cultura dominicana. Y es en función de ese interés que leeremos la historia dominicana. Debe advertirse, sin embargo, que no pretendemos escribir un tratado acerca de la identidad étnico-cultural dominicana ni necesitamos hacerlo.

Lo importante es presentar el contexto histórico dentro del cual se puede entender la realidad en que los diferentes grupos étnicos-culturales —las culturas taína, afrodominicana, de descendientes de esclavos negros y de otros grupos menores trasplantados, la occidental, de los descendientes de los invasores y conquistadores— se integraron, en un contexto de conquista, esclavitud y colonización, que confluyeron en la conformación de la identidad intercultural mulata. 

Este es el criterio que nos guiará en el recuento de la conformación de la identidad cultural de los dominicanos y las dominicanas que aquí haremos. Por lo tanto, aquellos datos o hechos que poco digan para nuestra compresión de la Conformación de Nuestra Identidad Intercultural Mulata recibirán menor atención en este trabajo que la que tal vez reciban en otros contextos.

1. Algunas Aclaraciones Conceptuales

           1.1. Identidad Cultural
Cuando hablamos de identidad cultural en este artículo, nos vamos a referir al concepto que define el sociólogo dominicano Carlos Andújar, que afirma como identidad cultural: «El conjunto de valores tanto sociales como culturales, que se van forjando a través del tiempo, constituyendo un soporte en la memoria social de los seres humanos que forman una colectividad y un sentido de pertenencia».

           1.2. Cultura
En la opinión de Silvio Torres-Saillant, la cultura consiste en  «los patrones de vida complejos desarrollados por los humanos y transmitidos a través de generaciones, incluyendo las normas, las costumbres, los hábitos y los artefactos»

1.3. Interculturalidad
Es la relación entre distintas culturas, integración entre dos  o más de ellos, (reconocimiento de la diversidad, acción sobre las desigualdades). Es más que nada la integración respetuosa de cada cultura, así como la convivencia armónica del uno y del otro. Podemos decir que todo esto se forma a través de lazos y de contactos culturales.

Es algo definido, objetivo. Es decir, se da en un marco de respecto en que las relaciones son horizontales, pero unas relaciones interculturales en el fondo pueden ser también de choque, no necesariamente de consideraciones del uno para el otro.

La interculturalidad supone una relación respetuosa, en el amplio sentido de la palabra, de las composiciones de otras culturas ajenas a la propia. Constituyen las actitudes de las personas que interactúan con personas de diferentes culturas. Es un proceso en construcción y no una realidad de hecho. Es él respeto a la alteridad, es decir, a la apertura y al diálogo con los otras culturas diferentes, pero no solamente este diálogo puede ser entre culturas, también es individual. Pensamos que cada ser humano es una cultura viva, con distintas características, pero no es mejor ni peor que nosotros, solo diferente. En síntesis, los encuentros interculturales no llevan al sub-límite, es la capacidad de construir entre personas de diferentes culturas y manteniendo relaciones horizontales y en un ambiente de respeto y reconocimiento mutuos.

Finalmente, la interculturalidad describe una relación entre culturas. Es un proceso que busca fomentar el enriquecimiento cultural de los ciudadanos, partiendo del reconocimiento y respeto a través del intercambio y él diálogo que tiene por finalidad la participación activa y crítica en aras de cimentar el desarrollo de una sociedad democrática basada en la igualdad, la tolerancia y la solidaridad.

1.4. El Mestizaje
Para el escritor, arqueólogo y antropólogo dominicano Marcio Veloz Maggiolo el mestizaje es como una mezcla de expresiones culturales, que más allá de lo racial conforma sistemas y modos de vida en los cuales la riqueza de las hibridaciones humanas y de las concepciones culturales vivas redunda en una visión nueva y funcional de los valores y prácticas sociales en ocasiones recibidas y modificadas

1.5. Mulato
De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, en su edición de 2001, página 1052, la palabra mulato, en sentido de híbrido, aplicado primero a cualquier mestizo como adjetivo dicho a una persona: que ha nacido de negra y blanco, o al contrario.

1.6. Ruptura
Él termino ruptura significa, en este caso, que los elementos constitutivos de la identidad cultural dominicana reciben una nueva comprensión y una manera diferente de ser vivenciados, surgiendo, por tanto, una nueva forma de cultura dominicana originada en la manera como los elementos se relacionan entre sí. Las modificaciones que se producen son de tal naturaleza que se justifica hablar de rupturas.

1.7. Mosaico
De acuerdo con el diccionario Pequeño Larousse Ilustrado, en su edición de 1978, página 707, la palabra significa «obras compuestas de productos de piedras, esmalte, vidrio, etc., de diversos colores, y cuya reunión forma una especie de pintura... ». Cualquier obra compuesta de trozos diversos.

2. El Mosaico Intercultural
«El encuentro con el otro,
con seres humanos diferentes,
constituye desde siempre
la experiencia fundamental de nuestra especie».
Kapiscinsky Ryszard.

La identidad cultural de la República Dominicana es un mosaico intercultural que existe como realidad histórica y social en el concierto de las naciones caribeñas, latinoamericanas y del mundo como originalidad mulata. Es el país con mayor población mulata en el mundo.

Hablar de identidad intercultural mulata en estos tiempos pudiera interpretarse como una necedad o como una pretendida provocación de nuestra parte. Sin embargo, nuestra reflexión surge del hecho cierto de que los elementos constitutivos de nuestra identidad cultural reciben una nueva compresión, una manera diferente de ser vivenciados y, por tanto, debemos hablar de esa nueva realidad que yo defino como identidad intercultural mulata.

El tema tiene vigencia y debe ser recuperado para su mejor compresión, fruto del surgimiento de conflictos interétnicos, de la creciente discriminación racial y la xenofobia de los grupos más encumbrados de la sociedad dominicana, el antihaitianismo y antidominicanismo actuales, y frente al mundo globalizado que ha creado un nuevo tipo de Apartheid entre clases sociales invisibles, el tema vuelve adquirir vigencia.

3. Mirada a la Realidad
«La Identidad Nacional se ha constituido sobre la base de una hibridación, mezcla de etnias, que genera grandes tensiones sociales entre definiciones, pugnas y acentuación de la diversidad por el impacto de la inmigración haitiana, el dominicano de la diáspora, el turismo extranjero, en donde los dominicanos se ven empujados a adoptar componentes “cosmopolitas” en su identidad cultural» (Informe Nacional de Desarrollo, del PNUD, 2005, sinopsis.

La sociedad dominicana vive hoy una realidad marcada por grandes cambios que afectan profundamente su vida.  Atrapada por la globalización, la influencia de la tecnología comunicativa, el turismo y los viajes, la sociedad es hoy más cosmopolita que hace 25 años.

La característica que marca y lacera esta realidad cambiante es la exclusión social, que interpela la conciencia política, ética y religiosa de nuestra sociedad, aumento sin precedente de la pobreza, la corrupción, la delincuencia, el desprecio por la vida, el narcotráfico, la violencia intrafamiliar, la emigración e inmigración, desarticulación social de las mayoría pobres, excluida de los beneficios del mercado, impedido de hacerse presente en el escenario socio-político, alejado del mundo de trabajo y de la economía formal, marginados de la convivencia social y muchas veces sumergidas en la miseria. Además, percibimos que dentro de estos grandes cambios la cultura es otro factor que caracteriza esta realidad, en la que se verifica una especie de nueva colonización cultural por la imposición de culturas artificiales, despreciando las culturas locales y tendiendo a imponer una cultura homogenizada en todos los sectores (Aparecida No.43-68) afirmación exagerada de derechos individuales y subjetivos, hay una afirmación positiva de la persona, de su conciencia y experiencia, existencia de diversas culturas en condiciones desiguales con la llamada cultura globalizada.

En esta realidad histórica nueva, el lugar donde el conflicto de interpretaciones se establece y se decide, vamos hacer nuestra reflexión desde donde me gustaría presentar algunos cambios o pistas que pudieran ser elementos que ayuden a encontrar la luz a los grandes problemas que estamos confrontando, producto de la globalización y la introducción de nueva tecnología, el turismo, el narcotráfico, el crimen internacional organizado, la desintegración familiar, la presencia dominicana que reside fuera del país, que está por encima de un millón de personas, en contacto permanente con otras culturas, la presencia de cerca de más de medio millón de haitianos y sus descendientes, el problema real de cientos de personas indocumentadas y de otros problemas.

       4. La Identidad Intercultural Mulata
«Toda las culturas son capaces de aportar valores
 para el progreso de la humanidad y la democracia».

La conformación de la identidad intercultural mulata de Santo Domingo sucedió en la historia de la conquista, esclavitud y colonización de nuestra isla y encontró su punto central en la llegada de los europeos y africanos en el siglo XVI. La fecha de 1492 marcó realmente una ruptura y a la vez un nuevo encuentro. Nuestra referencia ancestrales son África y Europa y no  el Caribe, que después de 90 años de la llegada de los españoles a nuestra isla, la población taína había sido exterminada, lo que impidió que aspectos fundamentales de la cultura taína supervivieran y se proyectaran, pudiéndose mezclar con elementos de las demás culturas, quedando componentes de la cultura material.

La historia de nuestra identidad intercultural mulata es un proceso doloroso de la historia de mezclas étnicas-culturales, iniciado con la llegada de los invasores españoles y los esclavos africanos que entraron en contacto con los taínos y en la formación de las cincuentenas y las devastaciones de Osorio. Se reafirma en los palenques cimarrones, las formas sui géneris de nuestra esclavitud y la llamada democracia racial, en la resistencia trinitaria, en los cantones restauradores, en los gavilleros de 1916, en los comandos constitucionalistas, en la protesta popular, en los temas de la tierra, en la lucha por la seguridad social, en la obtención y reconocimiento de nuestra identidad dominicana, en el proceso por superar el lastre de la corrupción, y el narcotráfico, la delincuencia y la violencia intrafamiliar.

Nuestra identidad cultural mulata no se define por el color de nuestra piel, sino por lo que hacemos diariamente: por la forma de cultivar la tierra, de cocinar los alimentos, de comunicarnos, de organizarnos de recrear y de vivir la vida. En fin, por las respuestas que damos a los problemas cotidianos.

La característica principal de nuestra identidad cultural mulata viene dada por la diversidad intercultural de elementos que la conforman y por la variedad de sujetos que la realizan. La cultura dominicana es esencialmente diversa, no solo por los elementos étnicos culturales que la conforman, sino por el carácter regional de su expresión sincrética. En términos socioculturales, históricamente se expresa en los hatos comuneros del  Este, en los aserraderos del Sur, y en el mercantilismo dependiente de sus polos urbanos y las actividades agrícolas de los pequeños agricultores del Norte, como identidad intercultural mulata. Aquí radica su riqueza tan especial como el monte, tan fértil como la tierra y tan compleja como sus ciudades. Es a partir de estas características que debemos convencernos como habitantes de una isla abierta al mundo, de una comunidad constituida a la vera del monte, donde nos realizamos en la lucha diaria por una sociedad más humana, democrática y participativa.

Nuestra identidad la recibimos en los barrios y en los residenciales, en los parajes, en los callejones y en las serranías al ritmo de merengues, merengue de calle, rap, reguetón, música religiosa y atabales, al compás de bachatas y salves. La decantamos (o la cedaceamos) en décimas, en versos, refiriéndola como modo de resistencia que unifica alrededor del derecho de la vida, que es nuestro derecho a la tierra, a ser documentado.

Afirmar nuestra identidad intercultural mulata tiene como finalidad revalorar no solamente el pasado africano y español, sino también su presente, es decir no solo enfrentarse a la función social que tiene la historia, sino también a su unidad plasmada en la tradición, presente en la vida diaria de nuestra nación.

En tal sentido, es necesario desarrollar procesos educativos que buscan fomentar el enriquecimiento cultural de los ciudadanos y ciudadanas, partiendo del reconocimiento y respecto a la diversidad, a través del intercambio y él dialogo que tienen por finalidad la participación activa y crítica en aras a cimentar el desarrollo de una sociedad democrática basada en la equidad, la tolerancia y la solidaridad.

En la actualidad se apuesta por la interculturalidad que supone una relación respetuosa entre culturas. Mientras que el concepto pluricultural sirve para concretar una situación, la interculturalidad describe una relación entre culturas. Lo que tratamos de moderar un inevitable etnocentrismo, que lleva a interpretar las prácticas culturales ajenas a partir de los criterios de la cultura de la persona interpretante.

Finalmente, debemos asumir la diversidad cultural con la participación real, sin exclusiones. La marginación por razones étnicas, lingüísticas, religiosas, geográficas, de estado social o de cualquier índole, son obstáculos para la construcción de una ciudadanía. La construcción de esta ciudadanía en la práctica ha de enfrentar las desvalorizaciones, ha de erradicar las diferenciaciones entre los individuos para que nunca más un estudiante tenga que soportar las burlas de sus compañeros y compañeras, «para que nunca más se levanten muros de repulsa por el color de la piel, por el tipo de pelo, nariz o labios de las personas que pueblan este país» (Brea del Castillo, Ramonina, 1998, 4).

Hay que luchar por evitar que se repitan genocidios culturales, como sucedió en la Isla La Española en el siglo XVI, o formas sofisticadas de marginación y exclusión de expresiones culturales que tienen derecho a existir. Fuera la  discriminación y la exclusión —por las razones que sean—,  ya que degradan e irrespetan a los seres humanos y niega lo central de nuestra identidad cultural mulata.

Presentar la identidad cultural nacional dominicana como identidad intercultural mulata reconoce la complejidad de lo que somos como nación, no solo una, sino muchas culturas. Es decir, somos una nación pluricultural que no puede, ni debe, excluirse de los cambios y del desarrollo técnico-científico mundial, sino formar parte de ellos.

En resumen, la identidad intercultural mulata es una oportunidad. Solo si se reconoce la diversidad —las raíces africanas, la presencia haitiana, la presencia de nuevos migrantes, la hispanidad y la diáspora de los dominicanos y las dominicanas— estaremos en condiciones de valorar lo propio.

Bibliografía
1. ANDÚJAR, Carlos: Identidad cultural y religiosidad popular. Ed. Letra Gráfica,  Santo Domingo, 2007.
2. ALBERT BATISTA, Celsa: Los africanos y nuestra isla. ED. BÚHO, Santo Domingo, 2001.
FERRAND B, Fernando A.: Figura de lo dominicano. En la revista Ciencia y Sociedad, enero-marzo, 1985, Santo Domingo.
3. FAXAS, Laura: El trasfondo de la Convención sobre Diversidad Cultural, en la Revista de la Fundación Global, Demografía y Desarrollo, noviembre-diciembre, 2006, núm.   13, Santo Domingo, D. N.
4. MIRO CABALLOS, Esteban: Una carta  poco conocida escrita por Fray Nicolás de Ovando en La Española (1505). En la separata de la Revista de Extremadura, 2 cuaderno de investigación y cultura, mayo-agosto 1997, núm. 23.
5. PANIKKAR, Raimon: Paz e interculturalidad. Una reflexión filosófica. Ed. Herder, Barcelona, 2006.
6. SÁEZ, José Luis: Apuntes para la historia de la cultura dominicana. Centro Juan Montalvo, Santo Domingo, D. N. 1997.
7. CORDERO, Walter: La discriminación racial. Orígenes y manifestaciones. PUCMM-CUPS, ED. Taller, Santo Domingo, D.N. 1998.
8. DUNCAN, Quince: Cultura negra y teología. San José, Costa Rica, DEI, 1986.


CÉSAR YGNACIO BALLENILLA CASTRO  (1955). Licenciado en Humanidades y Filosofía, con una maestría en Defensa y Seguridad Nacional y estudios de Teología y Teatro. Profesor universitario, actor y director teatral.