SECRETO ENTRE AMIGAS
«Uno de los más grandes consuelos
de esta vida es la amistad,
y uno de los consuelos de la amistad
es tener a quién confiar un secreto».
Manzoni
Mi historia personal tiene un elemento vital: la amistad, y con ella definitivamente los secretos. La amistad supone una característica básica —un sello propio— que la diferencia de las relaciones de otro tipo: los secretos, los cuales no tienen que ser magnificados, pero sí íntimos, exclusivos.
Me entusiasma reflexionar acerca de la amistad. La amistad entre mujeres y sus secretos, sobre todo, porque puedo dar testimonio de cuán sanadora es esta relación y de la importancia de su consolidación. Una relación superficial, cargada de individualismo, jamás llegara a ser amistad.
Escuché por primera vez, cuando era apenas una niña: «No hay amigos. La amistad verdadera es ilusión, cambia y desaparece con los giros que da la situación…». Y ya adulta aprendí a sentir pena por las personas que hacen culto a esta idea.
En mi experiencia de vida, la siguiente idea es la que está grabada en mi corazón: «Tener amigas nos ayuda no solamente a vivir más, sino también más saludables» (El poder de la amistad entre mujeres, en http://40ymas.com/2011/04/la-amistad-entre-mujeres/).
Es una buena noticia saber que ya se están realizando estudios diferenciados entre hombres y mujeres, para determinar las reacciones de ambos ante un mismo fenómeno. Tenemos permiso para filosofar acerca de este tema tan humano y sanador. De ahí que me pregunto, ¿cuáles son los secretos más frecuentes entre las amigas?, ¿por qué ha habido y hay hombres —mujeres incluso—, que le temen a la relación de amistad entre mujeres?
La amistad sin apellido
La amistad se realiza solo cuando dos personas desarrollan un grado de relación que incluye algunos secretos (1), los cuales les permiten compartir de diferentes maneras sus sentimientos. Mi papá llamaba a esta relación: «compinche», y en general no le simpatizaba. Mientras que Aristóteles consideraba que la amistad era una alma en dos cuerpos (dos cuerpos de hombres, supongo…).
En la historia escrita y en la vivencia personal, la amistad ha encontrado más enemigos que adeptos. Una expresión muy conocida es «amigo es un peso en el bolsillo, y —machacan— si no está roto». Y es que la amistad es un sentimiento tan sublime, apreciado y necesitado, que en ocasiones la confundimos con una relación vulgar y superficial.
He escuchado algunas personas quejarse de que su amigo no ha sido generoso ni agradecido, a pesar de ser amigo/a. Escucho, con frecuencia, un pariente decir que no le gusta que sus «amigos» le hagan regalos, porque estos tienen su precio.
Tener estos sentimientos mezquinos, materialistas e individualistas es vivir en un infierno. Es estar como la arepa: «candela por arriba y candela por abajo», porque la amistad es justo todo lo contrario, es entenderse como complemento; es saber que mi amigo/a tiene sus limitaciones y sus virtudes.
En nuestro país las luchas internas y el machismo le han hecho mucho daño a la relación de amistad. Sobre todo la dictadura trujillista, cuya perversidad llegó al extremo de usar a las personas para que delataran a sus amigos/as, y los que no lo hacían recibían su embestida criminal y maldita.
Mi madre me contaba que el compadrato era el resultado de una amistad íntima en la que el padre o la madre seleccionaban a ese amigo o amiga para que fuera el segundo padre o madre de su amado/a hijo/a. Pero que el sátrapa aprovechaba esta relación y la denigraba, convirtiéndose en padrino de una gran cantidad de niños y niñas, incluso con aceptación de la Iglesia católica. Sospecho que las mentes codiciosas y criminales no toleran el sentimiento de amistad, llegándome a la memoria el caso de los amos y de los invasores de pueblos.
Una mirada por Wikipedia me permite retomar un pasaje de El Principito: «… como el zorro le regala su secreto al Principito: Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos».
Los secretos son la información que tengo y que me afecta directamente, me molesta o quizás me acomoda, pero no quiero que nadie lo sepa. Sin embargo, tengo la necesidad de compartirla. Ahí está el amigo, la amiga. Incluso la subjetividad se goza en esa relación de iguales, dentro de la diferencia personal.
Como soy mujer quiero reflexionar de forma particular acerca de la amistad entre mujeres y con de sus secretos. Antes de entrar en materia, me permito tomar prestado el poema «Un canto a la amistad: a ti, a ustedes», de mi amiga y poeta Graciela de la Cruz Bourdier (Ascendiendo a la libertad, pág. 20):
Manantial de sonrisas en mil tonalidades. / Cálida extensión del abrazo familiar. / Dimensión sonora de musas invisibles / que emergen en canciones pendientes por cantar. / Imaginarios lienzos con rostros de rebeldes rizos./ Tantos cuentos y versos esperando en el viento sobre el mar. / Tiernos brazos se enredan en sus cuerpos buscando / las caricias del amor, / que fluye inagotable sin parar.
A ti, a ustedes: / hombre y mujer que trascienden / como flor de loto, / del volcán, del enredo y la trampa patriarcal. / Hoy te canto a ti y a ustedes, / un canto de amistad.
Pienso que la amistad entre amigas es posterior a la de amigos. Quizá esté relacionada con el sentido de dominación del hombre, entre otros factores. Se han desarrollando de esa forma obstáculos culturales para la relación de amistad entre mujeres de forma socialmente aceptada. No quiero recordar algunos episodios de la historia en los que la intolerancia de algunos sectores a las relaciones entre ellas llegó al extremo de quemar viva a un grupo de mujeres. Incluso, se ha creado un sistema en el que las mujeres han sido, desde niñas, consideradas en muchos casos como seres sin alma; imaginemos lo que esto implica para la humanidad.
Las mujeres eran consideradas sin dignidad, si cabe el término. La violencia ha sido —y es hoy por hoy— el método por excelencia para impedir que la mujer tenga una vida plena. Experimentar el sentimiento de amistad requiere sentirse digna y, por tanto, tener permiso para la libertad. Por ejemplo, el caso de José Martí y Fermín Valdés Domínguez.
Una potencial amiga no es amiga: es un proyecto que se cultiva como una planta, y cuando se logra templar como el acero, es, repito con el filosofo: «Una alma en dos cuerpos».
¿Se ha frivolizado la amistad?
Me encuentro en Facebook con «solicitud para hacer amigos y amigas». En principio me impresionó la tecnología, ¡y por esta maravilla de permitirnos hacer amigos y amigas al vapor! Pero pronto reaccioné y reflexione acerca de esta realidad virtual, que tiene sus ventajas, pero dudo que por esa vía se puedan desarrollar relaciones de amistad sólidas.
En un artículo en la Internet leí lo siguiente: «¿Tan necesitado estaba el mundo de encontrar amigos?». Según la Real Academia de la Lengua Española, la amistad es el “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. Internet parece decidido a redefinir el concepto y a globalizarlo, pero ¿también a devaluarlo?». Comparto esta reflexión y me pregunto ¿qué nombre le deberíamos poner a esta relación tan volátil, en la que el concepto amiga/o no tiene cabida?
Respiro profundamente y continúo buscando información acerca de este tema. Descubro que según el estudio del portal Mobifriends.com, el 65% de las mujeres buscan amistad por Internet. Esto debe movernos a reflexionar un poco con respecto a la posibilidad de que en esta sociedad «cuquiká» tenemos miedo a las relaciones cara a cara y nos ocultamos. Pero me da risa, porque es muy poco lo que se gana y mucho lo que se pierde. Este miedo a complementarse es preocupante. Esta cifra me ha impresionado de forma significativa y me pregunto, ¿quiénes son esas mujeres?, ¿qué está sucediendo con sus vidas reales?, ¿dónde se localizan geográficamente? En general pienso que están bastantes huérfanas de calor humano, de la riqueza de las relaciones reales. Incluso la red social no garantiza la identidad de personas que se presentan como tales. La ilusión en que nos envuelve la tecnología para ofrecer «amistad», tiene un alcance limitado, nos ayuda para algunas cosas, como recordar la fecha de cumpleaños y otras informaciones superficiales.
Cada vez que pienso en el concepto amiga/o y leo la instrucción «¿cómo cancelar la solicitud de amistad?», me río y lloro al mismo tiempo. Me río porque no es posible cancelar en la realidad una solicitud de amistad, como tampoco la amistad se solicita. Lloro porque los grados de alineación de muchas personas les impiden darse cuenta de la trampa en el uso de la tecnología para desarrollar determinado tipo de relaciones.
Tengo una amiga que conoció a su esposo por Internet. Ella me informa que estoy «queda», porque estos tiempos no son como los de antes, que ella busco su esposo vía Internet y está muy contenta. Eso me recuerda cuando se decía que Rafael Corporán de los Santos siendo un limpiabotas llegó a ser millonario y a formar parte de los empresarios más grandes de la televisión nacional. Es decir, un caso aislado se toma como la generalidad.
Los secretos
Teniendo muy claro qué es la amistad para mí, me animo a compartir algunos aspectos de los secretos entre amigas. Pienso que la edad es muy importante. En mi experiencia, cuando era adolescente confiaba a mi amiga información que jamás se la diría otra persona. Por ejemplo, que me gusta ese muchachito y que un día pasó por mi casa y me tiró un beso…, yo le conté esto a mi amiga y ella solo escuchaba.
He conversado con mujeres que igual me han dicho que fue durante su adolescencia cuando más secretos compartieron con sus amigas. También son secretos importantes en esa etapa los problemas existenciales y familiares con papá y con mamá. Esta relación de respeto por los secretos tiene un valor significativo en la mente de las adolescentes y no tiene punto de comparación.
Para muchas madres —la mía incluida— la amistad entre adolescentes es un poco delicada y le tienen temor. Ahora que soy mayor entiendo a mamá, pero no comparto su temor, porque es importante la supervisión, el acompañamiento y el seguimiento, pero jamás cortar esa relación sanadora.
En general todas las lecturas que he hecho me llevan a afirmar que la amistad se siente con mayor fuerza en la adolescencia, y que son las chicas las que intercambian mayores secretos. Esto es salud mental y espiritual efectiva. No me gusta calificar la amistad de buena o de mala, dañina o positiva. Es importante considerar la amistad en su sentido más profundo. La amistad es un proceso en cualquier etapa de la vida.
Conversando con mis hijas y mi hijo con relación a este tema, ellas y él me han dado testimonio acerca de la importancia que ha tenido la amista en sus vidas y cómo la misma vida les ha permitido descubrir que algunas relaciones que parecían tener el estatus de amistad, no pasaron la prueba, pero que no por eso han dejado de tener buenas/os y confidenciales amigas/os.
Mientras que a Laura, mi nieta de ocho años, cuando le pregunto por qué es amiga de Melissa, su compañera de curso, me responde: «Porque ella me quiere; porque nos conocemos hace tres semestre…». Y cuando le pregunto por qué las demás compañeras no son sus amigas, contesta: «Ellas son mis amigas, pero no tan amigas». Insisto y le pregunto por qué las otras no son «tan amigas», y contesta, un poco fastidiada: «¡No lo sé…», y me gustó su respuesta: una no siempre sabe por qué el círculo de amigas es reducido, pero lo cierto es que las «otras» también tienen un lugar en nuestro corazón y nos permiten una mejor calidad de vida, no importa la edad.
Es un signo de esperanza saber que en la actualidad se están dedicando recursos para hacer investigaciones acerca de los efectos de las relaciones de amistad, en la calidad de vida, en la salud mental. Es el caso de la Universidad de Los Ángeles, en California, quienes señalan en su informe que: «Hoy se sospecha, desde el campo científico, que el tiempo que pasamos con nuestras amigas puede, de hecho, contrarrestar ese tipo de estrés que nos revuelve el vientre y que experimentamos cotidianamente». Con los hallazgos de estos estudios se reafirma el viejo proverbio chino: «Si al morir cuentas con cinco buenos y verdaderos amigos/as, significa que tuviste una vida hermosa».
Las relaciones entre mujeres que no llegan al grado de amistad
La amistad tiene su valor y características muy particulares. Sin embargo, no por eso le resto valor a las relaciones entre mujeres, en las que se generan vínculos de afecto y camaradería que tienen sus beneficios, aunque no siempre la sociedad los comprenda.
Yo puedo dar testimonio de este tipo de relaciones. He participado, y participo todavía, en grupos de mujeres cuyo propósito principal es compartir algún aspecto de la vida. Por ejemplo, ahora estoy compartiendo con un grupo de mujeres de entre 40 y 75 años de edad. La mayor está en los 70 y tiene un sentido de la alegría y del humor que puede ganarse un premio como terapeuta no formal. Otra tiene un sentido de la solidaridad, de la amabilidad, de protección, que igual se gana una medalla. Y, para mi sorpresa, la guía y facilitadora de este grupo es una mujer taiwanesa, que definitivamente es digna de admiración. Mientras hacemos ejercicios, hablamos y cada una dice algo de su vida, de su familia...
LIDIA VENECIA PINEDA BLANCO (Santiago de los Caballeros, 1954). Licenciada en Sociología por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD, 1982). Ha publicado Soy discípula de la vida (2010), obra testimonial. Es miembro del consejo directivo del Centro de Solidaridad para el Desarrollo de la Mujer (Ce-Mujer).

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