EL ARCO Y LA LÍRA

«LAS PALABRAS SE INCENDIAN APENAS LAS ROZAN LA IMAGINACIÓN O LA FANTASÍA». OCTAVIO PAZ: EL ARCO Y LA LÍRA



7 dic 2011

GRACIELA DE LA CRUZ

AUNQUE NO TE DES CUENTA
A mi madre, María Virgen Bourdier,
a sus ochenta y nueve  años,
afectada por demencia senil de tipo alzheimer.

Llegaste a la niñez,
 un dejo de tristeza marca tu perfil,
 octava estación.
 Retornaste al balbuceo, ruidoso silencio,
a la persecución de seres invisibles,
construcción de  escenas imperceptibles,
 plenitud de inocencia, eterno despertar estacionario, confuso, inexplicable.

La desnudez  ya  no te  sonroja, el placer, sólo es un recuerdo.
La  inocencia pobló entera tu mirada.
El transcurrir del día y de la noche no te atañe.

 ¿En qué lugar del mundo  se instaló tu razón?
¿Qué desdicha te ausentó de toda lógica?

Te hablo porque sé que me escuchas.
Mi leve caricia se desliza por tu rostro inocente.
Me veo en ti, desde ese  dos de junio en que arribé a este puerto
 hasta este triste y resentido agosto.

Te miro, y más allá de ti veo la libertad,
cruel y desgarrada, pero libre.
Te acaricio, el amor parece fluir en toda  dirección,
 en todos los sentidos, aunque no te des cuenta.

SI VAS AL SUR
Si vas al sur
allá  te espera la ciudad recostada entre sus playas.
Barahona, el verde abraza  las montañas,
 que  caprichosas seducen las libélulas
 y en las azules olas lavan sus faldas de cayenas.

Allá, tranquilo  escribe  el viento entre la arena, su  amor  tierno poema.
En cada madrugada el mar reparte besos,  peces y corales.
En cada madrugada
el mar,
el mar, 
el mar.                              

TE VEO MUJER
Te veo mujer, mi niña grande
me transporto al origen de la especie.
Acunas como acuné la vida,
sonrisa  plena, primavera.

Veo tu vientre, globo que tomaste saltando,
 alegría traviesa que  juega a la escondida
veo la tierra misma pariendo lo soñado
te veo mujer, mi gozo es inmenso.

ANACAONA ETERNA
Anacaona («Flor de oro» en lengua taína), 1464-1504,
fue una aborigen taína de la Isla de Haití.
A la muerte de su hermano Bohechío
gobernó el cacicazgo de Jaragua.
Defensora de la paz y de la libertad de su pueblo. Fue
condenada a la horca por fray Nicolás de Ovando.

(Tomado de: Es.wikipedia.org/wiki/anacaona.
http:/mujeresquehacenla historia.blogspot.com/sigloxvanacaona).
      

Cielo y tierra en armonía.
Esa noche  la luna, envuelta en
llanto y rabia contigo crecía.
Anacaona, sempiterna sonrisa                   
1504,  Jaragua.
 A tus pies se tiende  el universo.           

Frailes enfurecidos, izando a Dios quieren negarte.
Otras voces sublimes expanden tu canto.
como Flor de Oro, danzas, despierta en areito.

Olor a hierba buena, dejó tu piel comprometida.
Anacaona, iniciaste el camino.
El sol, por no morir bebió tu néctar          
la luna pálida se estremeció.

El dolor mira en los ojos de las niñas.
El viento gime en el  tambor
En noches de octubre descienden hojas tristes,
cual otoño desgajado.

Olor a valle fértil, tu territorio.
Las palmas aún se empinan tras tu aura.
Eterna en la utopía emerge tu  belleza,
 rupestre sonrisa.
Anacaona, infinito clamor de libertad,
génesis de sueños redentores.
Un muro de sordera devuelve tus palabras.

Innumerables formas cubren tus colores.
Surges de la tierra en su extensión,           
tocada por el polvo, tú  envuelves las piedras.
Emergen en paredes tus  cimientos.
Habitas formas ancestrales desde  mis orígenes,
en el amor, la poesía, los sueños,
requieres libertad.

AYER
Ayer el mundo era pequeño
se levantaba tarde el sol, amanecía en mi cama.
 La luna se  estiraba, refugiada  entre nosotros.

Todo empezaba, seguía, era el horizonte nuestras manos.
Eran días azules desde la  aurora al infinito.
La tarde nos acogía en sus abrazos, transformándose.
El lago tibiaba el viento,  nos acariciaba.
Ritmo sonoro, su cantar, tocó  mi cuerpo.

Hoy, desvanecida y triste una sonrisa asoma a la ventana
el día pardo y los  gatos  me miran de reojo.
Hoy también tiritan  los astros, ya  no tan azules,
Yo aún lo quiero y esta es mi más tierna certeza.

TAMBOR  Y  DEDOS
El tambor a Mariam le toca la piel
dedos, tambor,
 tambor y dedos.

Un solo  latir le basta a su pecho.
África en sus manos, 
ancestral herencia.

 Ritmo entrelazados  en  brazos del viento
Mueve las  caderas,
 eleva su pecho.

La piel y el tambor en alianza tocan
es la misma sangre que  baila
 y se enciende.

Un tibio roce penetra los surcos,
 aflora, se instala
concurrida soledad.

Bajo el cielo oscuro, un triste  tambor,
 refugio de estrellas.
emerge una voz.


VIVIR Y AMAR SIN RIESGO: LO QUE TODA MUJER MERECE
«María, María es un don, es un sueño,
el dolor de una fuerza que nos alerta.
Una mujer que merece vivir y amar,
como otra mujer del planeta».
Mercedes Sosa: de la canción María, María,de Milton Nacimiento

¿Te has preguntado alguna vez cuál es la causa  por la que tantas mujeres violentadas por sus esposos no ponen la denuncia; y las pocas ocasiones en que lo hacen, la retiran, y se resignan a aguantar maltratos en vez de buscar una salida al problema que las mantiene con la estima en el suelo, girando en el mismo círculo?

Tengo varias amigas que están pasando situaciones muy difíciles y que aun estando conscientes de que existe una ley sobre la violencia intrafamiliar, no buscan protección. Por esta situación en República Dominicana es tan alta la cifra de feminicidios, estando el país entre los que tienen más altas cifras de este tipo de violencia.

En varias ocasiones, mientras intento conciliar el sueño, me he tirado de la cama  sobresaltada, por los llantos de mujeres y niñas que me llegan, por vía telefónica o directamente desde las casas de alguna vecina, cuando a altas horas de noche son brutalmente golpeadas. En esas circunstancias he acudido a despertar a otras personas del vecindario, para que vayamos a la casa a impedir que ocurran situaciones peores.

Ligia Minaya, en su ensayo El complejo de cenicienta, basándose en un trabajo de  Colette Dowling, considera entre las causas de la violencia el miedo de las mujeres a la independencia y la inseguridad que sienten.

Al problema de la violencia intrafamiliar, y  específicamente contra la mujer —por ser a quien más afecta sus manifestaciones, causas y consecuencias—, debe prestarse más atención. Según informaciones de la procuradora adjunta para asuntos de la mujer, Rosanna Reyez, ocasionó en el país 614 feminicidios  en cinco años, desde enero de 2005 al 7 de marzo de 2011, siendo la provincia Santo Domingo donde se produjeron la mayoría de estos vergonzosos actos, y Santiago donde hubo menos. En los dos primeros meses de 2011 ascendieron a 20 los casos de feminicidios.

Un dato que refleja la magnitud de la violencia intrafamiliar es que en la provincia Santo Domingo y en Distrito Nacional «un promedio de 850 mujeres acude cada día a recibir asistencia a las unidades de atención a las víctimas de violencia, instaladas por la Procuraduría General de la República en diferentes puntos del país», según declaraciones del procurador, Radhamés Jiménez Peña (El Nacional, 25 de marzo de 2011).

Una amiga me dijo que: «los primeros cinco años de matrimonio son difíciles,  los otros son imposibles, pero una se acostumbra a dormir con el enemigo». ¿Será que en realidad las mujeres casadas o unidas en parejas heterosexuales que son maltratadas se han acostumbrado a «dormir con el enemigo»?

Según Martina Reyes: «Cuando la mujer no actúa bajo las expectativas del hombre empiezan los actos violentos, manifiestos  en cientos de maneras, como son  presionar, acorralar,   desvalorar, descalificar, humillar, intimidar,  chantajear y matar a la mujer».

Si realmente el Ministerio Público tuviera la voluntad política de «prevenir los casos de violencia contra la mujer y de perseguir, hasta lograr las más drásticas sanciones a los hombres que cometen violencia contra sus esposas o ex esposas»,  como ha declarado públicamente el Procurador, en primer lugar, debería contar con suficientes recursos económicos  en todo el país, ya que la violencia es un problema nacional, y como tal, para ser resuelto, debería contar con el respaldo de todos los poderes del Estado y de los medios de comunicación en general.

La violencia contra la mujer es  problema de salud pública, de educación, de cultura, que tiene que ver con la distribución desigual de los recursos económicos, que pone en manos de los hombres la mayor cantidad, en desventaja de las mujeres, quienes, como ha sido probado con estadísticas rigurosas, son las más pobres entre los pobres, y como ya lo han evidenciado diversos estudios realizados desde una perspectiva de género, y ya nos lo había advertido en 1929 Virginia Woolf, feminista, novelista y ensayista londinense, en su obra Una habitación propia, que una mujer debía tener dinero y una habitación propia, donde expone las dificultades de las mujeres para consagrarse a la escritura en un mundo dominado por hombres.

Debería fortalecerse con respaldo presupuestal el Ministerio de la Mujer y las divisiones de género en los diferentes ministerios. Colocar en estos organismos  a especialistas con suficiente capacidad en la temática, que hay bastantes en el país, y no a  políticas y políticos que no les importa en lo más mínimo este asunto, pero con quienes se tiene compromisos a otros niveles.

Es tiempo de que el país cumpla con los compromisos internacionales que ha suscrito, de rendir honor  a las hermanas Mirabal con una práctica política consecuente en contra de la violencia, de la cual ellas fueron víctimas.

Hay que dejarse ya de hipocresías y ejecutar políticas públicas que reflejen una real voluntad de poner en práctica en el país una democracia participativa y con igualdad de género. Pero eso solo será posible cuando la mayoría de la ciudadanía esté realmente interesada en lograr esa meta.

Sabemos del esfuerzo realizado por las Unidades de Atención a Víctimas de Violencia de Género, Intrafamiliar y Delitos Sexuales  del Distrito; por el Servicio de Representación Legal de los Derechos de la Víctima (RELEVIC) y la Dirección Nacional de Atención a  las Víctimas de Violencia (DENAV).

Martina Reyes explica la relación entre el patriarcado y relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres  y su consecuente relación de dependencia: «En sociedades altamente patriarcales, como en la República Dominicana,  las relaciones entre hombres y mujeres están imbuidas de poder. Ese poder  es ejercido sobre las mujeres, provocando el surgimiento de relaciones de dependencia donde estas son víctimas no solo de las relaciones personales y de los Gobiernos, debido a la poca atención que le dedican al desarrollo de  oportunidades  en los planos laborales,  educativos y económicos».

Las exigencias y demandas del cese de la violencia y de que las autoridades presten más atención a este problema se  han hecho reiteradamente por las organizaciones de mujeres e incluso por entidades empresariales y gremiales,  que se han sumado a esta lucha. Sin embargo, pienso que deben ser quienes están al frente del  Estado, encabezado por el Presidente de la República, quienes tienen la mayor cuota de responsabilidad en este asunto. Pero esto solo ocurrirá cuando toda la ciudadanía se decida a no tolerar un acto más de violencia contra las mujeres ni contra ninguna persona, cuando se exija de manera responsable, constante y consciente el respeto a los derechos humanos. Cuando se establezca la democracia con equidad de género, como una garantía para establecer relaciones de equidad entre mujeres y hombres. Vivir y amar  sin riesgo de violencia es lo que toda mujer merece que le garanticen sus gobernantes, autoridades y toda la comunidad.



COMPINCHES PARA VELADAS NOCTURNAS
«De mi parte,
cuento porque así alboroto a los muertos
y ocupo a los vivos.
 Cuestión de compulsiva intensidad,
sacudimiento. ¡Qué sé yo!»
Ángela Hernández: Amor sin objeto.
Discretos apuntes sobre demiurgia.
(Compilado por Marianela Medrano y Miriam Mejía).


Intercambiando ideas a través de la Internet, como parte de un grupo, una amiga envió la siguiente expresión: «Parece ser que Álvaro será mi compinche para mis veladas nocturnas de lectura, escritura y trabajo». Aunque no tengo la más mínima idea de quién es ni cómo es Álvaro, esta idea me motivó a escribir.

Tener un compinche para veladas nocturnas, escritura y trabajo es una buena forma de relacionarse a la que se le podría dar una categoría de relación creativa, productiva y hasta terapéutica, si se le agrega el diálogo, intercambio de situaciones personales o familiares, que nos animan o atormentan.
                                       
Muchas mujeres son afectadas por la soledad, entre estas, algunas son muy inteligentes, creativas e independientes. Sin embargo, con frecuencia les agobia la tristeza. Me imagino que en esos momentos las casadas quisieran ser solteras; las solteras, casadas; las vírgenes, prostitutas; las prostitutas, vírgenes; las urbanas, rurales; las rurales, urbanas…

La incursión en diversos roles modernos y tradicionales por parte de las mujeres, la exploración y asunción de nuevos compromisos de diversa índole: comunitarios, partidarios, artísticos, productivos, reproductivos…,  sin poner en práctica un cambio en la distribución del trabajo reproductivo en la familia, sin considerar los aportes económicos, ya sean menores, iguales o superiores a los que hacen  los hombres ¿proveedores? en el hogar y sumado a las expectativas que, a partir de los roles tradicionales femeninos y masculinos, se hacen la mayoría de los hombres respecto a las mujeres, para quienes estas, más que personas, ciudadanas con derechos y deberes, son vistas solo como  madres, esposas, hijas, abuelas y tías, de quienes esperan siempre servicios para satisfacer sus necesidades a cualquier hora del día o de la noche. Producto de los cambios culturales, en las sociedades modernas y no tan modernas, como la nuestra, estas expectativas con frecuencia generan conflictos en las familias, que en algunos casos culminan en situaciones de violencia y hasta en divorcio.

Es alto el número de familias que tienen a mujeres como jefas. Mujeres que no viven con parejas y continúan con la responsabilidad ante sus hijos, sobrinos, madres, padres u otras personas, a quienes se han comprometido a cuidar. Situación menos frecuente en los hombres, que en situaciones de separación de la pareja, las pocas veces que se quedan con los hijos e hijas, suelen llevárselos/as a sus madres, tías  u otra mujer familiar, o lo abandonan a su suerte, tengan estos/as o no la mayoría de edad.

Considerando estos factores, el fenómeno de la soledad termina siendo más frecuente en las mujeres que en los hombres, quienes se sumergen en un cúmulo de actividades sacrificando el tiempo de ocio. Es por esta razón que tener «…un compinche para veladas nocturnas…»,  puede ser una salida. Este «compinche»  puede ser un libro, una película, o mirar sin tiempo definido el mar, oler sus intranquilas olas, escuchar su tierna melodía, sentir el susurro de su aliento penetrando nuestra piel, seguir hasta el infinito el azul, tan verde, casi mar, llegando al cielo en el horizonte lejano, casi mar, o quizás cielo, cielo-mar entrelazados como tus ojos y los míos.


MARÍA GRACIELA DE LA CRUZ (La Sabana de la Cotuí, 1956). Licenciada en Sociología por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD, 1987), con una maestría en Género y Desarrollo del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC, 2000) y dos diplomados, uno en  Gerencia con Perspectiva de Género, y otro en Incidencia Política para la Transparencia. Ha publicado los libros de poesía: Sacia la sed sin llevarte la fuente (2000) y Ascendiendo a la libertad (2008). Actualmente es encargada del Departamento de Autogestión Organizativa del Centro de Solidaridad para el Desarrollo de la Mujer (Ce-Mujer).

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