EL ARCO Y LA LÍRA

«LAS PALABRAS SE INCENDIAN APENAS LAS ROZAN LA IMAGINACIÓN O LA FANTASÍA». OCTAVIO PAZ: EL ARCO Y LA LÍRA



7 dic 2011

VÍCTOR NOLASCO

UN PAÍS «A MEDIO TALLE»
«La división internacional del trabajo consiste
en que unos pueblos se especializan en ganar
y otros pueblos se especializan en perder […]»…
Eduardo Galeano: Las venas abiertas de América Latina.


Un país, como una persona, lo que piensa de «sí mismo» es determinante en la respuesta que da al presente y, por tanto, ejerce una gran influencia en lo que será mañana. Es esa “autoestima” lo que nos hace como personas y como pueblos dar una u otra respuesta. El problema es que han sido otros, modelándonos a conveniencia, los que nos han dicho lo que somos y debemos ser. En muchos casos esa definición de nosotros por parte de otros ha sido tan efectiva que nos la hemos creído nuestra propia definición de nosotros mismos. A pesar de que reconocemos valores en nosotros que nos hacen mejores como personas y como pueblos no somos, entonces, consistentes, tendiendo a dejar las «cosas» sin terminar, es decir, como diría mi amigo Jesús parodiando a su abuela: «estamos a medio talle», con lo cual expresamos que es algo sin terminar.

Desde las realizaciones más importantes en nuestras vidas así como las más cotidianas podemos ver cómo esa tendencia de dejar las cosas «a medio talle» nos va arropando de manera tal, que parece parte ya de lo que somos y debemos ser. Incluso, peor aún, cuando pretendemos ser contestatarios y revelarnos frente a esta realidad, también nos quedamos en el camino. Es necesario, entonces, vernos a nosotros mismos en esas dos grandes dimensiones: como pueblo y como personas individuales, y así comenzar a construir nuestra propia historia, lo que somos y lo que queremos ser.

Un primer paso para escribir nuestra propia historia es atrevernos a mirarnos a nosotros mismos. No importa por donde comencemos, si lo hacemos de lo general a lo particular o viceversa o si tomamos de aquí y de allá, lo importante es ser consistentes.

Mirarnos a nosotros mismos no es solo poner un espejo delante y analizar nuestra apariencia, es muchísimo más. Es, sobre todo, comprendernos y entender las causas y razones, es buscar también en nuestro interior. Es mirar nuestro aquí y ahora, saber de dónde venimos y proyectar hacia dónde vamos. No importa dónde sea, al final los seres humanos tenemos un solo destino, un lugar donde queremos ir a pesar de las dificultades del camino: el bienestar y la felicidad.

«Nacemos para ser felices»… es posible que a veces pensemos lo contrario y este pensamiento efectivamente nos deje varados en el camino. Aun cuando decimos que hemos nacido para el sufrimiento, esa expresión no es sino también una manera de exponer nuestro más intimo deseo de ser feliz.

Pienso que al día de hoy —no importa cuál sea nuestro punto de vista o de partida—, podemos así partir de una mirada desde lo sociológico, psicológico individual o social, desde lo histórico, antropológico, lo cultural, lo anecdótico, paradójico o simplemente especulativo, siempre que seamos consistentes y sobrepasemos las barreras —que en muchos casos están en nosotros, más que en nuestro entorno—, que la misma realidad nos impone.

Las barreras son nuestra falta de visión; de pensar que no podemos, que nos falta tiempo, que no tenemos la experiencia necesaria. Así vamos construyendo el andamiaje de nuestro propio fracaso, regocijándonos en nuestra mediocridad, conformándonos con lo poco, criticando al que se atreve y lamiéndonos las heridas de la frustración, mintiéndonos a nosotros mismos, haciéndonos profesionales del disfraz, ocultando lo que realmente somos.

Una excusa nos puede librar momentáneamente de alguna responsabilidad, pero no para siempre. Siempre he dicho que las «quejas» solo son buena en la cama (y si es que se está gozando), lo contrario es algo inútil. En tal caso, la crítica es mejor compañera, de alguna manera nos dice que algo no anda bien. Sin embargo, debemos ser cautos a la hora de los elogios. Recibir ensalzamientos en demasía, inmerecidos o desproporcionados, es como alimentarnos con cuchara vacía. Esta manera de inmovilizarnos a veces se viste de sumisión o «limpiasaquismo», con lo que el proponente trata —y en muchos casos logra— bajar nuestra guardia. Solo recordemos cuando alguna vez alguien se nos ha acercado y nos dice: «¡Príncipe!»…y acto seguido nos «gira» por algunas monedas, o los casos de quienes al momento de ser detenidos por algún militar le dicen: «dígame, comandante»… podríamos escribir, todo un tratado acerca del «arte de sobrevivir» poblado de anécdotas, estampas y humor de nuestra cotidianidad.

Esta estrategia de alimentar con cuchara vacía nuestro ego ha traspasado incluso terrenos tan importantes como el amor y la conquista. Para ilustrarlo he aquí la sagacidad de un proponente y la ingeniosa respuesta de una depositaria: «Usted es la mujer más bella que he visto en toda mi vida», a lo que ella responde: «Amigo, usted ha visto poco». Con todo lo anterior no estoy diciendo que no debemos reconocer nuestras virtudes y las de otras personas. Por supuesto que es sumamente importante, desde mi percepción, el reconocimiento y estímulo de nuestras virtudes, capacidades, más aun, si ello nos ayuda a continuar, crecer y descubrir nuestro potencial.

Siempre he dicho que el éxito en la vida no está en donde se llega, sino «desde dónde se llega a donde se llega». Cada tiempo-espacio en la humanidad ha tenido sus ítemes de éxito, alcanzarlos no es el problema, lo malo es quedarse ahí. «La vida es una propuesta que empieza cada día», una frase que usé en mi Messenger por largo tiempo, con la cual trate de expresar que para mí la vida es un desafío constante, de no serlo quizás sería lo más aburrida. Por supuesto, tampoco estoy diciendo que la idea es vivir en un constante desasosiego, en un estado eterna paranoia, no, la tendencia es buscar el equilibrio o la idea de este.

«Siempre se puede más»… con lo que estoy de acuerdo. No solo se trata de «llegar donde nadie llegó», como dice otra canción «Impossible Dream» (sueños imposible), se trata también de redescubrir nuevas maneras. La propuesta de este «viaje» es aventurarnos a aventurar; es rehacer lo hecho. Es de nuevo tomar arcilla y rehacer dioses que nos rehagan a nosotros mismos.

En este punto, pienso, y no sé cuál será el método, cuál será la estrategia definitiva, pero sé que la táctica es, por el momento, escribir, pensar, escribir; hablar, escribir, pensar, escribir. Escribir, reflexionar, rehacer, escribir… ¿quieres venir a este viaje?


VÍCTOR NOLASCO (Santo Domingo, 1955). Artista visual. La mayor parte de la producción iconográfica de las organizaciones e instituciones civiles dominicanas en el período 1976-1995 es de su autoría. Sus creaciones son concebidas desde una perspectiva ideológica sociocultural que integra varios elementos de la educación popular, entre estos, la igualdad de sexo, la participación ciudadana, la identidad racial y la democracia como aspectos fundamentales del desarrollo.

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